Primero, entender tu negocio.

Antes de comparar precios, necesitamos saber qué mueve tu consumo. Un restaurante con dos servicios al día, una tienda con frío comercial y un taller con turnos no tienen las mismas necesidades. Tampoco las tiene un mismo local en agosto y en enero.

La primera conversación sirve para situar el problema: una factura que ha subido, una renovación próxima, varios suministros o equipos que parecen gastar demasiado. Acordamos el alcance y los honorarios antes de iniciar el estudio. Si hay información que todavía no tienes, te explicamos qué necesitamos y cómo aportarla.

Poner los datos en orden.

Pedimos las facturas de los últimos doce meses, el contrato vigente y, cuando está disponible, la curva de consumo. Añadimos horarios de apertura, cierres, cambios de maquinaria y otros hechos que ayuden a interpretar esos datos.

Comprobamos que las facturas correspondan al suministro y al periodo que vamos a estudiar. Revisamos huecos, lecturas estimadas y cambios de contrato. Una serie incompleta puede servir para empezar, pero limita las conclusiones: esa limitación debe aparecer en la propuesta.

PARA PREPARAR EL ESTUDIO
  • Facturas y condiciones del contrato.
  • Datos de consumo disponibles.
  • Horarios, equipos y cambios de actividad.

No necesitamos tus contraseñas. Acordamos contigo cómo compartir la documentación necesaria.

Comparar opciones que puedas aplicar.

Estudiamos por separado la contratación y el uso de la energía. En el contrato, contrastamos precios, potencia, cuotas, servicios y condiciones. En la operación, buscamos patrones que merezcan una revisión: consumos fuera de horario, picos de demanda o diferencias entre días similares.

Los algoritmos ayudan a ordenar los datos y contrastar escenarios. El equipo de ingeniería valora su viabilidad. Una reducción teórica deja de ser una buena propuesta si compromete la conservación de alimentos, el confort, la seguridad o la producción.

Priorizamos cada actuación según su ahorro estimado, su coste, la dificultad de ejecutarla y la incertidumbre. En algunos casos, la decisión razonable será mantener el contrato o recabar más datos antes de cambiar nada.

Una propuesta que puedas discutir.

Recibes una explicación del punto de partida y un plan de actuaciones. Para cada medida, indicamos qué se propone, qué datos la sostienen, cuánto podría costar y qué resultado se estima. También dejamos visibles las condiciones que podrían cambiar ese resultado.

Tú apruebas los cambios. Si hay que coordinar una actuación con una comercializadora o un instalador, se define quién hace qué. El diagnóstico, las gestiones y el seguimiento pueden tener alcances distintos; los concretamos en la propuesta.

Una recomendación útil debe poder explicarse con tus datos y llevarse a la práctica en tu negocio.

Volver a hacer las cuentas.

El seguimiento acordado contrasta lo ocurrido con una referencia definida. Como explicamos en la guía para comprobar el ahorro, separamos el efecto del precio del de los cambios en consumo y anotamos variaciones de horarios, actividad o equipos. No damos por hecho que toda bajada de la factura sea ahorro conseguido por una actuación.

Este criterio es coherente con la definición de ahorro energético del IDAE, que contempla las condiciones externas que influyen en el consumo al comparar antes y después.

Si los datos no permiten una conclusión sólida, lo indicamos. El objetivo del seguimiento es que sepas qué ha mejorado, qué falta por comprobar y qué decisión merece la pena tomar después.

ENERGETIC SOLUTIONS

Ingeniería, datos y decisiones que puedas entender.
El alcance de cada estudio se acuerda según tu negocio y la información disponible.

Lo vemos con
tus números.

Cuéntanos qué negocio tienes y qué te gustaría revisar. Te explicamos cómo empezar.

Hablemos de mi factura